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Ciencia - Ficción y Fantasía











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Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)

Fahrenheit 451 Título original: Fahrenheit 451, 1951
Autor: Ray Bradbury
Editorial: Plaza & Janés, 1988
Colección: El Ave Fenix nº 10
Traducción: Alfredo Crespo
Páginas: 334 páginas
ISBN: 84-01-42110-1

Sinopsis

Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde. Así es como comienza esta histórica obra maestra del género. En un futuro no muy lejano, un cuerpo de bomberos con el anagrama 451 en el casco, conduciendo vehículos con apariencia de salamandra, no se dedica a extinguir fuegos, si no a provocarlos. Un millón de libros han sido prohibidos, libros que se contradicen entre sí, que sostienen argumentos opuestos, y que por ello impiden que la gente sea feliz. Guy Montag, y la brigada de bomberos, acuden a la emergencia de cada propietario de libros localizado, con las salamandras y las mangueras que lanzan petróleo, para incinerar hasta la última hoja.


Comentario

FAHRENHEIT 451 esconde una cruda crítica a la sociedad norteamericana de 1953, después de Hirosima y Nagasaki, cuando a toda costa había que conservar la ilusión de que el mundo era maravilloso y feliz, que las opiniones opuestas eran incinerables y la vida agradable era el único y verdadero objetivo a preservar. Como el Bernard Marx de UN MUNDO FELIZ, el protagonista, Montag, es un miembro de esa farsa en precario equilibrio, un equilibrio que se rompe al conocer al salvaje, el inadaptado, el insocial, el que, descubre paradójicamente, posee una vida mucho más satisfactoria. En ese descenso de Montag/Bernard encuentra que no se halla solo, si no que, clandestinamente, ese distinto orden social subsiste como parias a ojos de la civilización pero como héroes a sus propios ojos.

Fragmento

"Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.
(...)
Se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto. El rostro de la joven, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal de leche con una luz suave y constante en su interior. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿Qué? Sino la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela. "












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